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Repensando el envejecimiento activo

Autor: Silvio Aristizábal Giraldo //

Hace cerca de 10 años, la Organización Mundial de la Salud – OMS – estableció los lineamientos de política sobre envejecimiento activo, el cual, a juicio de dicho organismo, implica atención a las personas mayores en tres aspectos fundamentales: salud (bienestar físico, mental y social), participación (teniendo en cuenta las capacidades, las necesidades y deseos de las personas, tanto en el plano individual como colectivo), y seguridad (acceso a la seguridad social y a la atención y cuidados a aquellas personas que requieren asistencia). Para la OMS el envejecimiento activo es el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen.

Enmarcada en los lineamientos de la OMS se celebró en Madrid en 2002 la II Asamblea sobre el envejecimiento, en la cual se  acordaron unos planteamientos generales que pueden sintetizarse, entre otros, en los siguientes:

  • El reconocimiento y plena realización de todos los derechos humanos y libertades fundamentales.
  • La garantía de condiciones de seguridad para el envejecimiento y el compromiso de eliminación de la pobreza en la vejez.
  • La habilitación de las personas de edad para lograr su participación plena y eficaz en la vida económica, política y social de sus sociedades, incluso mediante trabajo remunerado o voluntario.
  • Las oportunidades de desarrollo, realización personal y bienestar del individuo en todo el curso de su vida.
  • La eliminación de la discriminación por sexos.
  • El reconocimiento de la importancia decisiva de las familias y la interdependencia, la solidaridad y la reciprocidad entre las generaciones.
  • La atención a la salud, el apoyo y la protección social.
  • La acción coordinada entre el gobierno, la sociedad civil, el sector privado y las personas viejas para la transformación de las condiciones de vida de éstas.
  • La promoción de las investigaciones y el aprovechamiento de los conocimientos científicos y del potencial de la tecnología para beneficio de las personas viejas.
  • El reconocimiento de la diversidad de situaciones y contextos en los que se presentan el envejecimiento y la vejez.  En la mencionada Asamblea se definieron tres orientaciones prioritarias: la primera relacionada con las personas viejas y el desarrollo; la segunda sobre el fomento de la salud y el bienestar en la vejez y la tercera acerca de la creación de un entorno favorable para el envejecimiento y la vejez.  Algunos autores cuestionan la propuesta de la OMS sobre el envejecimiento activo y abogan por un replanteamiento de la misma y de conceptos como el de calidad de vida, difícil de definir en un mundo diverso. Pese a la validez de dichos cuestionamientos, el lector desprevenido no puede dejar de sorprenderse por el contraste entre la variedad de aspectos contemplados en los planteamientos del organismo internacional y el enfoque reduccionista que en nuestro país ha tenido el envejecimiento activo. Si bien es cierto que el gobierno nacional y algunas entidades territoriales han formulado políticas públicas sobre el envejecimiento y la vejez, se observa que en numerosas ocasiones, el envejecimiento activo se reduce a la práctica de ejercicios físicos.  Grupos de personas viejas, más mujeres que hombres, en sudadera, haciendo ejercicios bajo la orientación de un recreacionista, un paramédico o, en el mejor de los casos, un profesional de terapia física (lo que ya es un avance significativo). Algunos programas van más allá y proponen la estimulación mental y cognitiva.  En general los programas de atención a la llamada,  en forma eufemística, “tercera edad” tienen como punto de partida las necesidades y carencias de las personas viejas. El envejecimiento activo implica poner el énfasis en los derechos y capacidades de las personas mayores, atendiendo como mínimo a las tres dimensiones señaladas al comienzo de este escrito: salud, seguridad y participación. Esto ya sería un gran paso adelante en un país, donde las personas viejas mueren en la puerta de los hospitales solicitando atención médica; un país donde solo un poco más  del 20% de los mayores de 60 años tiene derecho a una pensión y los pocos que logran acceder a un auxilio del gobierno deben compartirlo con hijos y nietos; un país donde las personas viejas carecen, la mayoría de las veces, de espacios de participación que les permitan incidir en las decisiones que los afectan.

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